Una pequeña localidad andaluza se ha convertido en epicentro de una creciente oposición ciudadana frente a la implantación de un macroproyecto de placas solares. Lo que comenzó en Lopera (Jaén) como una protesta vecinal ha escalado hasta convertirse en un movimiento de alcance internacional que defiende el paisaje agrícola y en la cultura del olivo. Los vecinos alertan de la pérdida irreversible de su identidad y de un entorno que consideran parte esencial de su historia colectiva.
Pese a no contar con el respaldo de grandes organizaciones ni partidos políticos, la movilización ha logrado trascender lo local, con decenas de miles de firmas recogidas y atención mediática en otros países gracias al apoyo de SOS Rural, una plataforma para la defensa del campo. El apoyo ciudadano ha sido fundamental para visibilizar un conflicto que, a ojos de los afectados, representa una batalla desigual entre intereses energéticos y comunidades rurales marginadas. En el centro del debate late una preocupación por el futuro: la sensación de que el desarrollo sostenible no puede construirse sobre el desarraigo.
Además de la transformación del paisaje, los vecinos denuncian presiones institucionales por parte de la administración autonómica. Antonio Miguel Ruiz, vecino de Lopera relata las comunicaciones oficiales que exigían acuerdos con la empresa promotora bajo la amenaza de expropiación, una estrategia que ha generado una fuerte sensación de indefensión.
“Gracias a SOS Rural”, explica Ruiz, “porque si no, esto no llega”La experiencia ha revelado un malestar profundo con los mecanismos de decisión que afectan al territorio, y ha reabierto el debate sobre los límites del modelo energético actual y su relación con la justicia social y ambiental.